
Shintaro Kago
Que ya me uno a la protesta, ya... Que luego a una la tachan de snob por estar suscrita a la "Cahiers" y haber enterrado su corazoncito macarra. Además, si no digo nada el Charly (un beso) me pela.
Juegos vanidosos con el tiempo y con el espacio: Faulkner, Borges, etcétera
El descubrimiento en una novela de que el auténtico protagonista es la pampa, la selva virgen, el mar, la lluvia o la plusvalía.
Poemas, situaciones o personajes con los que el lector podría - ¡Dios nos libre!- identificarse.
Las descripciones vívidas, mundos llenos de ricos detalles físicos. Véase Faulkner.
Fondos, ambientes, climas. Calor tropical, borracheras, la radio, frases que se repiten como un estribillo.
Novelas en que la trama guarda algún paralelismo con otro libro. Ulises y la Odisea.
Libros que fingen ser menús, álbumes, itinerarios, programas de conciertos.
Cualquier cosa que pueda inspirar ilustraciones. Cualquier cosa que pueda inspirar una película.
Lo extemporáneo: escenas hogareñas en novelas policiacas, escenas dramáticas en diálogos filosóficos.
La expectativa. Lo patético y lo erótico en novelas de amor. Enigmas y crímenes en novelas policiacas. Fantasmas en novelas. La vanidad, la modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.
Adolfo Bioy Casares, lista completa aquí.
Fetichistas de mundo, suéltense las trenzas!! Para leer sobre la bella industria editorial: Los mitos de Chtulhu, un cuento inédito de Roberto Bolaño. Iba a colgarlo entero pero es demasiado largo. De todas formas, Cortázar, Mario Santiago y Bolaño ya están muertos, así que... yo estaré bebiendo en el otro lado mientras los demás firman sus libros.
Consumo blogosfera, en parte porque yo hace mucho que no encuentro una historia. Paso las noches con ojos de anfibio cenando cutículas, con un organismo demente que sólo trasnocha. Y me veo a altas horas de la noche leyendo páginas de venta y compra de intimidades, sobrestimas de inteligencia y muy poca humildad. Al final, no entiendo como pueden ahondar tanto en sus propias experiencias y explayarse en descripciones sensuales. Al final, uno ya lo tiene todo muy asumido y no procede, es como olerse su propia piel. Predominan las trabas para la búsqueda de la ficción, porque todo está embarrado en una especie de fango de egos que no nos deja ver más allá de las manchas en las sábanas de cada cuál. Al final, me encuentro con el estómago lleno de la vida de los demás, que está bien, pero que no es más que casualidad y continuidad. Abogo por la teatralidad para ver si se me nutren los textos, pero me temo que sólo se me ocurren arquetipos sexuales o recuerdos tullidos de una noche de verano (primavera, otoño, invierno). Al final, me subiré al tejado (que es lo que el ser humano siempre ha querido hacer dice este señor) y repartiré navajas barberas a los simios. Así tendré un clásico, por lo menos.
1. El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.
"La imagen de la publicidad es ofensiva a la dignidad de la mujer porque la figura femenina es representada en un modo vil, al ser objeto de la prevaricación masculina"